El señor Beauveau, marqués de Novian, debió su conversión y su vocación religiosa en la Compañía de Jesús a una victoria sobre el respeto humano en honor de Nuestra Señora.
En 1649, mientras tropas alemanas se encontraban en Alsacia-Lorena, algunos soldados alojados en Novian, después de haber bebido en exceso, se pusieron a jugar.
Uno de ellos, después de perder en el juego, vio una imagen de Nuestra Señora colocada en la pared y, enfurecido como si ella fuese la causa de su mala suerte, comenzó a golpearla mientras profería horribles blasfemias.
Apenas terminó, cayó al suelo presa de violentos temblores y dolores tan intensos y continuos que fue imposible hacerle tomar alimento durante cuatro o cinco días.
Cuando la tropa recibió la orden de partir, ataron al desgraciado a su caballo para que pudiera seguir la marcha.
Más tarde se supo que, de tanto agitarse, cayó de la montura y murió en el camino, mordiendo la tierra y echando espuma de rabia.
Durante mucho tiempo se habló en aquella villa del ejemplar castigo del blasfemo.
Dos años después, a petición de un misionero, se decidió realizar un solemne acto de reparación. Para ello acudieron en procesión el párroco, el misionero, varios sacerdotes y el pueblo de Novian, encabezados por el marqués.
Al llegar al lugar, por más que el sacerdote llamara a algunos hombres, ninguno se presentó para llevar la imagen a la iglesia.
El señor Beauveau, indignado ante semejante indiferencia hacia Nuestra Señora, se sintió interiormente impulsado a llevarla él mismo.
A pesar del respeto humano y del temor de parecer demasiado devoto ante los demás, tomó la imagen con reverencia y la llevó a la capilla del castillo, donde, por orden del Obispo, fue colocada con todos los honores.
La Santísima Virgen no tardó en recompensar aquel acto de piedad. Según declaró él mismo, comenzó a recibir tal abundancia de gracias y tan poderosas inspiraciones para una vida más perfecta que no solo llegó a ser un cristiano ejemplar, sino que también abrazó la vida religiosa, en la cual vivió y murió santamente.
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