Cuatro años después de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora se dignó descender a la tierra para confirmar de una manera admirable la declaración del Papa Pío IX, de santa memoria.
Fue en Lourdes, Francia, donde Nuestra Señora apareció repetidas veces a la inocente Bernardita y, en la última aparición, dijo:
— Yo soy la Inmaculada Concepción.
Quien refiere el siguiente episodio no era ningún devoto, ni siquiera un buen cristiano. Escribe:
“Cuando ya se hablaba mucho de las apariciones de Lourdes, me encontraba en Cauterets, población cercana a Lourdes, más para distraerme que para curarme. Me hizo gracia oír que la Virgen había sonreído a Bernardita y resolví ir a Lourdes para ver a la vidente y sorprenderla en una mentira.
Fui a la casa de los Soubirous y encontré a Bernardita sentada a la puerta remendando unas medias. Su rostro me pareció bastante común; mostraba señales de una enfermedad crónica junto con mucha dulzura. A petición mía, me contó las apariciones con toda sencillez y convicción.
— ¿Es verdad que la Virgen sonrió?
— Sí, sonrió.
— ¿Y cómo sonreía?
La niña me miró con asombro y dijo:
— Señor, habría que ser del Cielo para reproducir aquella sonrisa.
— ¿No podría reproducirla para mí? Soy incrédulo y no creo en las apariciones.
El rostro de Bernardita se volvió triste y severo.
— Entonces, ¿cree usted que mentí?
Me sentí vencido. No, aquella niña tan pura no podía mentir. Iba a pedirle disculpas cuando añadió:
— Bien; si usted es un pecador, intentaré imitar la sonrisa de Nuestra Señora.
La niña se levantó lentamente, juntó las manos y un resplandor celestial iluminó su rostro. Una sonrisa divina, que jamás había visto en labios mortales, cautivó mis ojos.
Todavía sonreía cuando caí de rodillas, vencido por la sonrisa de la Inmaculada en los labios de la dichosa vidente.
Desde aquel día jamás se borró de mi memoria aquella sonrisa divina. Pasaron muchos años, pero su recuerdo secó muchas lágrimas cuando perdí a mi esposa y a mis dos hijas.
Me parece estar solo en el mundo y vivo de la sonrisa de la Virgen.”
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