27 de junho de 2026

EL CASTIGO DE UN ESTUDIANTE

Cierto día, dos estudiantes de mala conducta caminaban por el sendero que conduce al santuario de Nuestra Señora de Ostaker, donde muchos enfermos recuperaban la salud bebiendo del agua de la fuente milagrosa.

Mientras caminaban, hablaban de cómo se divertirían aquel día de fiesta, cuando uno de ellos exclamó:

—¿Sabes lo que vamos a hacer?

—No.

—Vamos a hacer un milagro; sí, un verdadero milagro. No te rías y escúchame. Te vendaré los ojos, tú fingirás ser ciego y yo te llevaré hasta la fuente.

—¿Y después?

—Cuando lleguemos, empezarás a rezar, te lavarás los ojos con el agua y gritarás que estás curado, que ya puedes ver. Así les gastaremos una broma a esos devotos. ¿No te parece divertido?

—¡Sí, excelente! Y cuando regresemos, contaremos el prodigio a los periódicos. ¡Cómo se reirán los lectores de esos pobres ingenuos que vienen aquí buscando salud! Hablarán de nosotros y nos haremos famosos...

—¡Vamos!

Así partieron los dos farsantes, desempeñando cada uno su papel, hasta llegar a la fuente milagrosa.

Como de costumbre, había allí numerosos peregrinos. Al ver a los dos jóvenes, se acercaron con muestras de simpatía, como suelen hacer los buenos cristianos con los enfermos. Todos comenzaron a rezar mientras el joven impío se acercaba a la fuente para lavarse los ojos.

Con la ayuda de su hipócrita compañero, se quitó la venda, fingiendo llorar y lamentarse de su desgracia. Tomó agua y se frotó los ojos.

Pero, ¡oh, prodigio!

El agua produjo realmente un efecto.

Una espesa oscuridad cubrió su vista. Ya no veía absolutamente nada.

¡Había quedado ciego!

Entonces lanzó un grito de desesperación, llamó a su madre y suplicó a la Santísima Virgen que le perdonara. Volviéndose hacia su compañero, que permanecía mudo de asombro, lo acusó de haberle aconsejado cometer semejante maldad.

Los peregrinos, profundamente impresionados, no comprendían lo que estaba sucediendo. Interrogaron a los dos jóvenes hasta que estos confesaron toda la farsa.

Nunca se había visto una emoción semejante alrededor de aquella fuente. En vano los peregrinos se pusieron a rezar para alcanzar el perdón de Dios para aquellos desdichados.

Dios no permite que se burlen de María, su Madre.

El ciego permaneció ciego.

Fue tan grande el remordimiento por su pecado que perdió la razón y terminó sus días en un manicomio. Podemos esperar que Nuestra Señora, teniendo en cuenta el castigo temporal que padeció, le haya alcanzado la misericordia de Dios.

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