5 de março de 2026

EL VALOR DE LA COMUNIÓN

a) Se lee en la biografía del Cardenal Newman un episodio edificante. Él, antes de hacerse católico, era protestante y alto dignatario de la Iglesia anglicana, con un considerable estipendio anual pagado por el gobierno inglés.

Aun en esa condición, quiso estudiar las razones y fundamentos de la Iglesia Católica; y, al conocer la verdad, la abrazó prontamente. Como es sabido, se volvió un católico muy fervoroso; se preparó, se hizo sacerdote y fue un apóstol de la Eucaristía.

Antes de su conversión, un amigo lo buscó y le dijo:
— Piense seriamente en el paso que va a dar; sepa que, haciéndose católico, el gobierno no le dará nada más y le retirará la prebenda.

Newman se levantó y exclamó con desprecio:
— ¿Qué es un puñado de oro en comparación con una comunión?

Y poco después se hizo católico.

Esas palabras merecen ser meditadas.

b) Luisa comprende el valor de la comunión. Tiene apenas nueve años y solo puede comulgar los domingos en la misa de las diez. Su madre, temiendo que se enferme por permanecer tanto tiempo en ayuno, le prohíbe comulgar.

Luisa, usando de astucia, finge romper el ayuno, pero durante toda la semana no come ni bebe antes del almuerzo.

— Mamá, ¿me permite comulgar mañana?
— No, hijita; la comunión es muy tarde... te enfermarías.
— Pero, mamá, he pasado toda la semana en ayuno hasta el almuerzo y no me siento mal...

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