16 de abril de 2026

ESTE NIÑO SERÁ SACERDOTE

Lo que vamos a narrar es un episodio de la vida de San Juan Bosco.

Un día, la condesa D. Z. acudió a él para pedirle que bendijera a sus cuatro hijitos. Don Bosco, siempre amable y amigo de los niños, les dio con mucho afecto una poderosa bendición.

La condesa, que también se había arrodillado, se levantó convencida de que la bendición de aquel sacerdote, a quien consideraba un santo, atraería abundantes gracias de Dios sobre toda la familia.

Luego, abrazando a sus hijos y sabiendo, como era notorio, que Don Bosco conocía el futuro, le preguntó:

— Don Bosco, ¿qué será de mis hijos?

Don Bosco, con tono alegre, se refirió a cada uno, comenzando por el mayor, haciendo buenos augurios para todos. Cuando llegó al último, puso la mano sobre su cabeza, mirándolo con especial atención.

— ¿Qué será de este, Don Bosco?

— En cuanto a este último, señora condesa, no sé si quedará usted contenta...

— Dígame entonces lo que piensa.

— Pues bien, digo que será un excelente sacerdote.

Al oír estas palabras, la escena cambió de repente. La noble dama palideció, estrechó al niño contra sí como para librarlo de una desgracia y, fuera de sí, exclamó:

— ¿Mi hijo sacerdote?… ¡Antes pido a Dios que le quite la vida!

Don Bosco, que tenía la más alta estima por el sacerdocio, sintió profundamente aquellas palabras y, levantándose con tristeza, despidió a la condesa.

Pocos meses después, el hijo menor de la condesa D. Z. le fue arrebatado por una enfermedad fulminante.

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