Hace ya muchos años ocurrió en la ciudad de Cartago, en la República de Costa Rica, un terremoto tan violento que destruyó casi por completo la ciudad.
La revista "América", publicada por los Jesuitas de Nueva York, al narrar los detalles de aquella espantosa catástrofe, llamó la atención de sus lectores sobre el siguiente hecho:
Don Ezequiel Gutiérrez, que había sido presidente de la República, se encontraba en su casa cuando ocurrió el terremoto, rezando el Santo Rosario junto con toda su familia.
Algunas personas quisieron interrumpir la oración y salir corriendo a la calle, pero el jefe de la familia insistió en que todos permanecieran hasta terminar el Rosario.
Terminada la oración, salieron a la calle.
¡Cuál no fue el asombro de todos al ver las casas convertidas en ruinas!
En todo el vecindario no había quedado un solo edificio intacto. La devastación era total.
Solo la casa del expresidente no había sufrido daño alguno, ni siquiera el menor desperfecto.
Era evidente que Nuestra Señora la había tomado bajo su especial protección, porque allí se rezaba fielmente su Santo Rosario.
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