En un asilo de ancianos se encontraba un antiguo soldado que, a pesar de su vida de cuartel y de campaña, se conservaba dócil y receptivo a las verdades religiosas.
Un sacerdote que lo visitaba con frecuencia le habló de la devoción del rosario y le enseñó a rezarlo.
Una hermana le dio un rosario, y el viejo militar encontró tanto consuelo en rezarlo que lamentaba no haberlo conocido antes, diciendo que lo habría rezado todos los días.
—Hermana —preguntó un día—, ¿cuántos días hay en sesenta años?
La hermana hizo el cálculo y respondió:
—21.900 días.
—Hermana, ¿cuántos rosarios tendría que rezar cada día para alcanzar ese número en tres años?
—Veinte al día —le respondió la hermana.
Desde entonces, se le veía día y noche con el rosario en las manos.
Después de tres años de sufrimientos, soportados con gran paciencia, llegó a su último rosario.
Allí lo esperaba la muerte, pues no vivió ni un día ni una hora más. Al terminar la última Avemaría, exhaló su último suspiro y entregó su alma a Dios.
Nenhum comentário:
Postar um comentário