19 de janeiro de 2026

¡DADME A JESÚS! Y SERÉ BUENITA…

Entre los niños y niñas más pequeñitos, puros y buenos, suele el Niño Jesús escoger a sus pajes (cruzaditos) para que lo acompañen adondequiera que vaya.

Una de estas niñas fue Santa Gema Galgani, una santa de nuestros tiempos, que durante toda su vida recordaba con gusto las primeras prácticas que tuvo con Jesús Sacramentado, siendo aún muy pequeña.

“El rostro de mi madre, después de recibir la comunión,” decía, “quedaba radiante de alegría y mi corazón latía más deprisa cuando ella me acercaba a su pecho, diciendo:

— Gema, acércate a mi pecho para dar un beso a Jesús.”

Desde aquella edad no cesaba de pedir a sus profesoras y a los capellanes que le dieran su Jesús.

Ellos la miraban y sonreían, pues, aunque tenía nueve años, era tan pequeña que parecía tener apenas seis. En aquel tiempo el Papa no había dado aún el decreto de la comunión de los pequeñitos y se exigían para ella instrucción y conocimientos completos.

— Ten paciencia, le decían, hasta que tengas la edad requerida.

Pero Gema pedía y pedía sin cansarse:

“Dadme a Jesús, dadme… Y veréis que seré buenita; no pecaré más y me portaré bien. Dadme a Jesús, porque me parece que no podré vivir sin Él.”

Estos hermosos sentimientos de un corazón tan puro y amante movieron a sus superiores a apresurar el día feliz y suspirado y a satisfacerle las ansias de estrechar a Jesús contra su pecho.

Gema se volvió realmente, en su vida pobre y humilde, una gran Santa que mereció los honores del altar.

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