El famoso orador P. Sarabia narra el siguiente hecho:
“Vivíamos entonces en plena revolución comunista. Las huelgas socialistas habían envenenado a nuestros obreros y cada día aumentaba el número de quienes militaban bajo banderas rojas. Eran muchos y muy audaces... porque los gobiernos liberales no defendían los derechos del orden y de la verdad.
Pocas eran las procesiones que en aquel tiempo salían a las calles; en algunas regiones, las pocas que salían rara vez regresaban a la iglesia en paz y sin ser molestadas.
Cierto día, en Bilbao, los católicos organizaron una solemnísima procesión. Todas las fuerzas católicas, llevando sus banderas y estandartes, debían subir al santuario de su Reina y Señora, la Virgen de Begoña.
Y marchaban aquellas interminables filas de fervorosos católicos, al son de magníficos himnos religiosos, con la frente erguida y el corazón tranquilo... marchaban como quien ejerce un derecho y representa la verdad y la gloria.
De repente se oyó un disparo... Hubo un momento de confusión... Sonó otro disparo... y luego otro más... No había duda: los feroces socialistas estaban escondidos detrás de algún balcón y desde allí descargaban sus armas impunemente sobre los católicos...
Hubo un momento en que las filas se rompieron y algunos corrieron a esconderse en las entradas de las casas. Pero fue solo un instante.
Pronto los valientes bilbaínos se reorganizaron y siguieron subiendo hacia la iglesia delante de la santa imagen de su Reina y Señora. Y no eran pocos los valientes que se internaban por las calles y las casas en busca de los cobardes que pretendían impedir el triunfo de la Virgen.
Sin embargo, los disparos aumentaban... El blanco preferido era el estandarte de la Inmaculada llevado por la presidenta de las Hijas de María... Ya estaba varias veces perforado por las balas...
En aquel momento solemne y trágico, algunos jóvenes marianos se acercaron a la presidenta y le dijeron:
— Cuando silban las balas, las mujeres van a casa o a la iglesia, y los hombres permanecen en el campo de batalla...
Querían, pues, que les entregara el estandarte de la Inmaculada para defenderlo ellos.
Pero las Hijas de María se agruparon alrededor de su bandera y la heroica presidenta les respondió:
— Llevaréis este estandarte de la Virgen cuando yo y todas las Hijas de María hayamos muerto a sus pies.
Y los comunistas, encarnizados enemigos de la religión, no pudieron impedir que la majestuosa procesión llegara al Santuario de Nuestra Señora de Begoña.
¡Con cuánto cariño de Madre no las habrá recibido la excelsa Reina y Señora!”
Nenhum comentário:
Postar um comentário