Jorge era un verdadero angelito que edificaba a todos por sus virtudes. Hizo la Primera Comunión en un colegio de Rouen.
Entre otros propósitos, hizo el siguiente: «Llevaré conmigo la corbata blanca de mi Primera Comunión hasta el día en que, por suma desgracia, llegue a perder la gracia de la cual es símbolo».
Jorge creció… conservando siempre la corbata blanca.
Cuando estalló la guerra franco-prusiana, se alistó como voluntario entre los zuavos del general de Charette. En enero de 1871, con ocasión de la victoria de Le Mans, fue herido mortalmente.
El capellán se acercó a él inmediatamente.
— Gracias, señor capellán… me confesé hace dos o tres días; nada pesa en mi conciencia; tiéndame sobre un poco de paja y tráigame el santo Viático, porque voy a morir.
El capellán volvió pronto, trayendo el Santísimo.
— Antes de darme la Comunión, hágame un favor: abra mi mochila y encontrará una corbata blanca; póngamela al cuello.
Después recibió el santo Viático, dio gracias y dijo:
— He aquí que muero; le ruego el favor de llevar a mi madre esta corbata y decirle que, desde el día de mi Primera Comunión, no he perdido la gracia santificante; sí, dígale que esta corbata no ha recibido otra mancha sino la de mi sangre roja derramada por la Patria.
Nenhum comentário:
Postar um comentário