19 de fevereiro de 2026

b) DIENTES DE LECHE

Escribía en 1915 un misionero:

Una huerfanita del Orfanato de Trichinopoli, que apenas tendría dos palmos de altura, vino un día a suplicarme que la admitiera a la Primera Comunión.

— ¿Qué edad tienes? — le pregunté.

— ¡Ah! eso no lo sé.

Recogida de lugar desconocido, no podía saber cuántos años tenía; ni las Hermanas pudieron descubrirlo.

— Muéstrame los dientes — le dije.

Con una graciosa sonrisa, la inocente mostró dos hileras de blanquísimos dientecitos.

— ¡Oh! — exclamé — tus dientes de leche me dicen que no tienes ni siete años. Por lo tanto, este año no harás la Primera Comunión.

¡Dios mío! ¿quién lo creería? Al oír aquellas palabras, la niña, sin decir nada a nadie, corre al patio, toma una piedra y, intrépidamente, se hace saltar de la boca todos los dientecitos. Luego, con la boca ensangrentada pero con aire de triunfo, vuelve y me dice:

— Padre, ya no tengo ningún diente de leche. ¡Dadme, oh dadme a Jesús! ¡Lo amo mucho!…

Llorando de emoción — dice el misionero — la tomé en mis brazos y le susurré al oído:

— Hija, mañana te daré a Jesús…

Sí, no podía dejar de atenderla.

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