29 de julho de 2026

LE ROSAIRE DANS LES DANGERS

Il y a bien des années, la ville de Cartago, en République du Costa Rica, fut frappée par un tremblement de terre si violent qu'il la détruisit presque entièrement.

La revue « America », publiée par les Jésuites de New York, en racontant les détails de cette terrible catastrophe, attira l'attention de ses lecteurs sur le fait suivant :

Don Ezequiel Gutiérrez, ancien président de la République, se trouvait chez lui au moment du séisme, récitant le Saint Rosaire avec toute sa famille.

Quelques personnes voulurent interrompre la prière et s'enfuir dans la rue, mais le chef de famille insista pour que tous restent jusqu'à la fin du Rosaire.

La prière terminée, ils sortirent.

Quelle ne fut pas leur stupeur en découvrant les maisons réduites en ruines !

Dans tout le voisinage, aucun bâtiment n'était resté intact. La désolation était totale.

Seule la maison de l'ancien président n'avait subi aucun dommage, pas même la moindre secousse.

Il était évident que Notre-Dame l'avait prise sous sa protection particulière, car c'était une maison où l'on récitait fidèlement son Saint Rosaire.

28 de julho de 2026

IL ROSARIO NEI PERICOLI

Molti anni fa, nella città di Cartago, nella Repubblica della Costa Rica, si verificò un terremoto così violento da distruggere quasi completamente la città.

La rivista "America", pubblicata dai Gesuiti di New York, raccontando i particolari della terribile catastrofe, richiamò l'attenzione dei lettori sul seguente episodio:

Don Ezequiel Gutiérrez, già Presidente della Repubblica, si trovava nella propria casa quando scoppiò il terremoto, recitando il Santo Rosario insieme a tutta la sua famiglia.

Alcuni vollero interrompere la preghiera e fuggire in strada, ma il capo della famiglia insistette affinché tutti rimanessero fino al termine del Rosario.

Terminata la preghiera, uscirono all'aperto.

Con loro grande stupore, videro che le case erano ridotte in macerie.

In tutto il quartiere non era rimasto in piedi un solo edificio intatto. La distruzione era completa.

Soltanto la casa dell'ex Presidente non aveva subito alcun danno, nemmeno il più piccolo.

Era evidente che la Madonna l'aveva posta sotto la sua speciale protezione, perché in quella casa si recitava fedelmente il Santo Rosario.

27 de julho de 2026

EL ROSARIO EN LOS PELIGROS

Hace ya muchos años ocurrió en la ciudad de Cartago, en la República de Costa Rica, un terremoto tan violento que destruyó casi por completo la ciudad.

La revista "América", publicada por los Jesuitas de Nueva York, al narrar los detalles de aquella espantosa catástrofe, llamó la atención de sus lectores sobre el siguiente hecho:

Don Ezequiel Gutiérrez, que había sido presidente de la República, se encontraba en su casa cuando ocurrió el terremoto, rezando el Santo Rosario junto con toda su familia.

Algunas personas quisieron interrumpir la oración y salir corriendo a la calle, pero el jefe de la familia insistió en que todos permanecieran hasta terminar el Rosario.

Terminada la oración, salieron a la calle.

¡Cuál no fue el asombro de todos al ver las casas convertidas en ruinas!

En todo el vecindario no había quedado un solo edificio intacto. La devastación era total.

Solo la casa del expresidente no había sufrido daño alguno, ni siquiera el menor desperfecto.

Era evidente que Nuestra Señora la había tomado bajo su especial protección, porque allí se rezaba fielmente su Santo Rosario.

26 de julho de 2026

THE ROSARY IN TIMES OF DANGER

Many years ago, the city of Cartago, in the Republic of Costa Rica, was struck by an earthquake so violent that it almost completely destroyed the city.

The magazine "America," published by the Jesuits of New York, while describing the details of this terrible catastrophe, drew its readers' attention to the following incident:

Don Ezequiel Gutiérrez, who had served as President of the Republic, was at home when the earthquake struck, praying the Rosary together with his entire family.

Some people wanted to interrupt the prayer and flee into the streets, but the head of the household insisted that everyone remain until the Rosary had been completed.

When the prayer ended, they went outside.

To their astonishment, they found the surrounding houses reduced to ruins.

Throughout the entire neighborhood, not a single building remained intact. The devastation was complete.

Only the former president's house had suffered no damage whatsoever—not even the slightest tremor.

It was evident that Our Lady had placed it under her special protection, for within that home her Holy Rosary was faithfully prayed.

25 de julho de 2026

O ROSÁRIO NOS PERIGOS

Há bastante tempo, ocorreu na cidade de Cartago, na República da Costa Rica, um terremoto tão violento que destruiu quase completamente a cidade.

A revista "América", publicada pelos Jesuítas de Nova York, ao narrar os detalhes da terrível catástrofe, chamou a atenção de seus leitores para o seguinte fato:

Dom Ezequiel Gutiérrez, que havia sido presidente daquela República, encontrava-se em sua casa, no momento do terremoto, rezando o Rosário juntamente com toda a sua família.

Algumas pessoas quiseram interromper a oração e fugir para a rua, mas o chefe da família insistiu para que todos permanecessem até o término do Rosário.

Terminada a oração, saíram para a rua.

Qual não foi o espanto de todos ao verem as casas reduzidas a ruínas!

Em toda a vizinhança não havia um único edifício que permanecesse intacto. A devastação era completa.

Somente a casa do ex-presidente não sofrera dano algum, nem sequer um abalo.

Evidentemente, Nossa Senhora a havia tomado sob sua especial proteção, porque ali se rezava diariamente o seu Santo Rosário.

24 de julho de 2026

NUESTRA SEÑORA Y EL FAMOSO CAZADOR

Una mañana, poco antes del almuerzo, descendió del tren en Lourdes un acaudalado caballero, completamente indiferente a la religión, que apenas se había decidido a acompañar a su esposa y a su hija al santuario. No pensaba permanecer allí más que el tiempo que mediaba entre dos trenes; era todo lo que su esposa y su hija habían conseguido obtener de él.

Apenas llegaron, las dos corrieron a la Gruta para rezar por el jefe de la familia, que tanto las hacía sufrir con su irreligiosidad.

Él, en cambio, más preocupado por el estómago que por el alma, fue a buscar el mejor hotel y, llamando al camarero, le dijo:

— Mientras espero a mi esposa y a mi hija, prepárenos un buen almuerzo para los tres.

— ¿Desea el señor un almuerzo de viernes?

— ¿Cómo? ¿De viernes?

— Es que hoy es día de abstinencia y casi todo el mundo la observa, al menos aquí.

— ¿Y qué me importa el día? —respondió el librepensador—. ¡El almuerzo tiene que ser abundante! Además, soy cazador; quiero carne, ¿me ha oído?

El camarero se inclinó respetuosamente y dio orden al cocinero de preparar bistec, pollo y otros platos de carne.

Encendiendo un buen cigarro, el hombre pensaba para sí:

— No podrán decir que no vi la famosa Gruta... Iré a verla.

Llegó mucho antes de que las dos señoras hubieran terminado sus visitas a la Gruta, a la Basílica y a la Cripta, donde, en todas partes, rezaban y suplicaban por la conversión de aquel querido rebelde.

Cuando regresaron nuevamente a la Gruta, ¡qué sorpresa!

Allí estaba el hombre, arrodillado, llorando y rezando con todo fervor.

¿Era realmente él?

Casi no podían creerlo.

Sí, era él mismo.

No se atrevían a hablarle, pero apenas las vio exclamó:

— Sí, soy yo. Rezo y lloro. Solo sé que vine aquí sin pensar en nada; pero, al encontrarme delante de esta imagen, una emoción indescriptible se apoderó de mí. Caí de rodillas y, al ver a un sacerdote, le pregunté si podía confesarme. Detrás del pequeño altar de la Gruta hice mi confesión. ¡Oh, qué feliz soy! Nos quedaremos aquí hoy y mañana comulgaremos.

No fue el único que derramó lágrimas. Los tres lloraban y daban gracias a Nuestra Señora.

Al llegar al hotel y ver el comedor lleno de gente, exclamó:

— Señoras y señores, yo soy el famoso cazador N. N. Cuando llegué aquí todavía era un impío; ahora tienen delante de ustedes a un hombre que acaba de confesarse y que mañana recibirá la Sagrada Comunión.

— ¡Camarero, sírvanos un almuerzo de viernes!

¡Qué sorpresa para todos los presentes!

Desde aquel viernes, el señor N. N. fue un cristiano fervoroso.

23 de julho de 2026

UNSERE LIEBE FRAU UND DER BERÜHMTE JÄGER

Eines Morgens, kurz vor dem Mittagessen, stieg in Lourdes ein wohlhabender Herr aus dem Zug. Er stand der Religion völlig gleichgültig gegenüber und hatte sich nur widerwillig bereit erklärt, seine Frau und seine Tochter zum Wallfahrtsort zu begleiten. Er wollte dort nicht länger bleiben als die Zeit zwischen zwei Zugverbindungen; mehr hatten seine Frau und seine Tochter ihm nicht abringen können.

Kaum angekommen, eilten die beiden Frauen zur Grotte, um für das Familienoberhaupt zu beten, dessen Gottlosigkeit ihnen so großen Kummer bereitete.

Er hingegen, mehr um seinen Magen als um seine Seele besorgt, suchte das beste Hotel auf und sagte zum Kellner:

— Während ich auf meine Frau und meine Tochter warte, bereiten Sie uns dreien ein gutes Mittagessen.

— Wünscht der Herr ein Freitagsmahl?

— Ein Freitagsmahl? Was soll das heißen?

— Heute ist Abstinenztag, und fast alle halten sich hier daran.

— Was kümmert mich der Wochentag? antwortete der Freigeist. Das Mittagessen muss kräftig sein! Außerdem bin ich Jäger; ich will Fleisch, haben Sie verstanden?

Der Kellner verbeugte sich höflich und gab dem Koch Anweisung, Steak, Hähnchen und andere Fleischgerichte zuzubereiten.

Während er sich eine gute Zigarre anzündete, dachte der Mann bei sich:

— Man soll später nicht sagen können, ich hätte die berühmte Grotte nicht gesehen... Ich werde sie mir einmal ansehen.

Er kam dort an, lange bevor die beiden Damen ihre Besuche in der Grotte, der Basilika und der Krypta beendet hatten, wo sie überall inständig für die Bekehrung ihres geliebten, aber widerspenstigen Familienvaters beteten.

Als sie zur Grotte zurückkehrten, bot sich ihnen ein überraschender Anblick.

Der Mann kniete dort, weinte und betete mit großer Andacht.

War das wirklich er?

Sie konnten es kaum glauben.

Ja, er war es tatsächlich.

Sie wagten kaum, ihn anzusprechen. Doch sobald er sie sah, rief er:

— Ja, ich bin es. Ich bete und ich weine. Ich weiß nur, dass ich ohne jeden Gedanken hierhergekommen bin. Doch als ich vor diesem Bild stand, ergriff mich eine unbeschreibliche Ergriffenheit. Ich fiel auf die Knie, sah einen Priester und fragte ihn, ob ich beichten dürfe. Hinter dem kleinen Altar der Grotte habe ich meine Beichte abgelegt. Ach, wie glücklich ich bin! Wir bleiben heute hier, und morgen werden wir die Heilige Kommunion empfangen.

Er war nicht der Einzige, der Tränen vergoss. Alle drei weinten und dankten der Gottesmutter.

Als er ins Hotel zurückkehrte und den Speisesaal voller Menschen sah, rief er:

— Meine Damen und Herren, ich bin der berühmte Jäger N. N. Als ich hier ankam, war ich noch ein Gottloser. Jetzt sehen Sie vor sich einen Mann, der gerade gebeichtet hat und morgen die Heilige Kommunion empfangen wird.

— Herr Ober, bringen Sie uns ein Freitagsmahl!

Welche Überraschung für alle Anwesenden!

Von jenem Freitag an wurde Herr N. N. zu einem gläubigen und eifrigen Christen.

22 de julho de 2026

NOTRE-DAME ET LE CÉLÈBRE CHASSEUR

Un matin, peu avant le déjeuner, un riche monsieur descendit du train à Lourdes. Il était complètement indifférent à la religion et ne s'était décidé à accompagner son épouse et sa fille au sanctuaire qu'à contrecœur. Il n'avait pas l'intention d'y rester plus longtemps que l'intervalle entre deux trains; c'était tout ce que son épouse et sa fille avaient réussi à obtenir de lui.

À peine arrivées, toutes deux coururent à la Grotte afin de prier pour le chef de famille, dont l'irréligion leur causait tant de peine.

Lui, au contraire, plus préoccupé de son estomac que de son âme, chercha le meilleur hôtel et, appelant le serveur, lui dit :

— Pendant que j'attends ma femme et ma fille, préparez-nous un bon déjeuner pour nous trois.

— Monsieur désire-t-il un repas de vendredi ?

— Comment ? Un repas de vendredi ?

— Aujourd'hui est un jour d'abstinence et presque tout le monde l'observe, du moins ici.

— Que m'importe le jour ? répondit le libre penseur. Il faut un déjeuner copieux. D'ailleurs je suis chasseur; je veux de la viande, vous m'entendez ?

Le serveur s'inclina respectueusement et donna l'ordre au cuisinier de préparer du bifteck, du poulet et d'autres viandes.

En allumant un bon cigare, il se disait à lui-même :

— On ne pourra pas dire que je n'ai pas vu la célèbre Grotte... Allons y jeter un coup d'œil.

Il y arriva bien avant que les deux dames n'aient terminé leur visite de la Grotte, de la Basilique et de la Crypte, priant partout avec ferveur pour la conversion de leur cher rebelle.

Lorsqu'elles revinrent à la Grotte, quelle surprise !

L'homme était là, à genoux, pleurant et priant avec une profonde ferveur.

Était-ce bien lui ?

Elles avaient peine à le croire.

Oui, c'était bien lui.

Elles n'osaient pas lui adresser la parole, mais dès qu'il les aperçut, il s'écria :

— Oui, c'est bien moi. Je prie et je pleure. Je sais seulement que je suis venu ici sans penser à rien; mais lorsque je me suis trouvé devant cette image, une émotion indescriptible s'est emparée de moi. Je suis tombé à genoux et, voyant un prêtre, je lui ai demandé si je pouvais me confesser. Derrière le petit autel de la Grotte, j'ai fait ma confession. Oh ! que je suis heureux ! Nous resterons ici aujourd'hui, et demain nous recevrons la Sainte Communion.

Il ne fut pas le seul à verser des larmes. Tous les trois pleuraient et rendaient grâce à Notre-Dame.

En arrivant à l'hôtel et voyant la salle pleine de monde, il s'écria :

— Mesdames et Messieurs, je suis le célèbre chasseur N. N. Lorsque je suis arrivé ici, j'étais encore un impie; maintenant vous voyez devant vous un homme qui vient de se confesser et qui recevra demain la Sainte Communion.

— Garçon, servez-nous un repas de vendredi !

Quelle surprise pour toute l'assemblée !

À partir de ce vendredi-là, Monsieur N. N. fut un chrétien fervent.