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3 de fevereiro de 2026

PAN DE LOS FUERTES

En la guerra de Crimea, un coronel francés recibe la orden de apoderarse de un fortín. Sin vacilar un instante, avanza al frente de su regimiento, que también quedó electrizado al ver tan grande valentía. Sereno e impasible en medio de las ametralladoras y bayonetas, como si se hallase en un desfile militar, toma por asalto la batería enemiga, terriblemente defendida por los rusos.

Su general, admirado de tan prodigiosa calma, exclama ante el Estado Mayor:

— ¡Coronel, qué sangre fría! ¿Dónde aprendiste tanta calma en medio de tan gran peligro?

— Mi general —responde el coronel con toda sencillez—, es porque comulgué esta mañana.

Honor al coronel valeroso y cristiano, y valeroso precisamente porque cristiano; y cristiano no de aquellos que se avergüenzan de su fe o se contentan con la comunión de Pascua, sino de los fervorosos que saben alimentarse con frecuencia del Pan de los fuertes, especialmente en las circunstancias difíciles de la vida.

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